26 de diciembre de 2012

Felices vacaciones

Llegamos al final del año, llegó la hora de pensar en vacaciones después de mucho trabajo en clase, en casa y de mucha actividad en biblioteca.
Las bibliotecarias de esta escuela, le desean muy felices vacaciones, a descansar y renovar energias para el año que viene.
Los esperamos en el mismo lugar y a la misma hora.
Saludos
Mariana y Rosa 

21 de noviembre de 2012

El viaje más largo del mundo. 2º B

Los chicos de 2º B  hicieron una descripción de los personajes del cuento El viaje más largo del mundo de Gustavo Roldán. Se trabajó junto con la docente de grado, la facilitadora pedagógica digital y la bibliotecaria

Los poetas de 3º B

Con los alumnos de 3º B leimos algunos cuentos del libro "Cuentos en verso para niños perversos de Roald Dahl"

A partir de estos textos los chicos escribieron sus propias poesías. Se trabajó en red con el sitio Edmodo. 




14 de noviembre de 2012

Semana del Libro Digital

En octubre nuestra escuela participó de la "Semana del Libro Digital", usamos las netbook y la Pizarra digital para leer libros digitales interactivos...les dejamos unas hermosas imágenes del trabajo.

¡Mírenlos que concentrados!

30 de octubre de 2012

Una gira diferente

Un viaje iniciático de un grupo de jóvenes artistas nóveles que muestran su arte junto a la voz, el talento y la experiencia de León Gieco a lo largo de una gira por diferentes provincias argentinas. Músicos, cantantes, bailarines y pintores, todos ellos grandes artistas con distintas discapacidades que expresan y comunican su mirada del mundo: Aquello que les preocupa, que los anima, que los inspira, en un show que combina música, danza y pintura. Un show donde se destacan el rock, el folclore y el tango junto a grandes éxitos de León Gieco. Algunos grados del turno mañana trabajaron y reflexionaron sobre este video en biblioteca. Historias de vida que nos invitan a pensar y a valorar las pequeñas cosas de cada día.

17 de octubre de 2012

Los alumnos de 6º B van a Radio Gràfica

Alumnos de 6º B y docentes visitan Radio Gráfica llevando adelante el proyecto "La radio en la escuela".
Los chicos hablaron del  barrio de La Boca y las actividades que realizan después de la escuela.
Llevaron un cd con el tema Libertango de Piazzola tocado por una alumna en el piano del colegio.


16 de octubre de 2012

Lectores 4º B, "La hormiga y la paloma" de Esopo.


 
Los alumnos de 4º B, trabajaron el Proyecto de Fábulas de Esopo. En este proyecto participaron los alumnos, las  maestras de grado, maestra curricular de Ingles, y maestra bibliotecaria.



10 de octubre de 2012

Un cuento de Horacio Quiroga

Los chicos de 5ºA continúan trabajando con Cuentos de la selva.Esta vez escucharon " El paso del Yabebirí". Entre todos comentaron el cuento y realizaron actividades de creación literaria.

9 de octubre de 2012

Seguimos leyendo...

Seguimos leyendo cuentos del libro Un mes después y otros cuentos aterradores . Esta vez los alumnos de 4º B leyeron el cuento "El Progreso".  A partir de este cuento produjeron distintos finales, los que queremos compartir con uds.




4 de octubre de 2012

Exposición de Estética de la Fundación Lebensonh

Visitamos la Fundación Lebensohn. Allí pudimos ver algunas muestras.
Intemporal de Diego Bastos,Idô. Instalación para una pintura y una cerámica de Ricardo Oliva y 
Colección Sella de Diego Perrotta.





"Caminaba hacia un el punto de reunión para comenzar a subir el monte y pensó en la necesidad de reformular los Apoyos..." Ricardo Oliva

"La Fundación Lebensohn es una Organización No Gubernamental constituida en 2002 con el objetivo primordial de oponerse a toda forma de violencia en sus diferentes acepciones, promoviendo la tolerancia, la convivencia pacífica y el respeto mutuo, contribuir al bien común y mejorar la calidad de vida."

Los alumnos de 4º y 5º B nos muestran los cuadros y obras que más le gustaron.







7 de septiembre de 2012

Visita Museo Etnográfico







4º B y 5º B visitaron el Museo Etnográfico.
El confìn del mundo 4º B y  de la Puna al Chaco 5º B. Después de una charla dada por las guìas Natalia y Mariana realizaron actividades de investigación





Si desean conocer más sobre el Museo Etnográfico pueden consultar en este link.


Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti

5 de septiembre de 2012

Propuesta de actividades para 7º A

La señorita Susana de 7º A y la bibliotecaria TM, planificaron las siguientes actividades destinadas a los alumnos de 7ºA. Los chicos trabajarán con el blog de la biblioteca, utilizando sus netbooks.

Leer los dos textos de Horacio Quiroga (están el blog) "El solitario" y "La gallina degollada" y realizar el siguiente trabajo:

1-Buscar la biografía de Horacio Quiroga
2- Buscar en el diccionario los términos desconocidos
3- Caracterizar los personajes de "La gallina degollada" y " El solitario"
4-¿Qué características tienen en común los hijos del matrimonio MAZZINI-FERRAZ y KASSIM?
5-"El solitario", título del cuento, puede interpretarse de dos maneras. Explicar brevemente el sentido que el autor quiso darle a este título.
7- En " La gallina degollada" ¿en qué momento o situación se puede comprobar el sentido de este título?
8- ¿Cuáles son los temas de los cuentos leídos?

El solitario


Kassim era un hombre enfermizo, joyero de profesión, bien que no

tuviera tienda establecida. Trabajaba para las grandes casas, siendo

su especialidad el montaje de las piedras preciosas. Pocas manos como

las suyas para los engarces delicados. Con más arranque y habilidad

comercial, hubiera sido rico. Pero a los treinta y cinco años

proseguía en su pieza, aderezada en taller bajo la ventana.

Kassim, de cuerpo mezquino, rostro exangüe sombreado por rala barba

negra, tenía una mujer hermosa y fuertemente apasionada. La joven, de

origen callejero, había aspirado con su hermosura a un más alto

enlace. Esperó hasta los veinte años, provocando a los hombres y a sus

vecinas con su cuerpo. Temerosa al fin, aceptó nerviosamente a Kassim.

No más sueños de lujo, sin embargo. Su marido, hábil--artista

aún,--carecía completamente de carácter para hacer una fortuna. Por lo

cual, mientras el joyero trabajaba doblado sobre sus pinzas, ella, de

codos, sostenía sobre su marido una lenta y pesada mirada, para

arrancarse luego bruscamente y seguir con la vista tras los vidrios al

transeunte de posición que podía haber sido su marido.

Cuanto ganaba Kassim, no obstante, era para ella. Los domingos

trabajaba también a fin de poderle ofrecer un suplemento. Cuando María

deseaba una joya--¡y con cuánta pasión deseaba ella!--trabajaba de

noche. Después había tos y puntadas al costado; pero María tenía sus

chispas de brillante.

Poco a poco el trato diario con las gemas llegó a hacerle amar las

tareas del artífice, y seguía con ardor las íntimas delicadezas del

engarce. Pero cuando la joya estaba concluída--debía partir, no era

para ella,--caía más hondamente en la decepción de su matrimonio. Se

probaba la alhaja, deteniéndose ante el espejo. Al fin la dejaba por

ahí, y se iba a su cuarto. Kassim se levantaba al oir sus sollozos, y

la hallaba en la cama, sin querer escucharlo.

--Hago, sin embargo, cuanto puedo por ti,--decía él al fin,

tristemente.

Los sollozos subían con esto, y el joyero se reinstalaba lentamente en

su banco.

Estas cosas se repitieron, tanto que Kassim no se levantaba ya a

consolarla. ¡Consolarla! ¿de qué? Lo cual no obstaba para que Kassim

prolongara más sus veladas a fin de un mayor suplemento.

  

Era un hombre indeciso, irresoluto y callado. Las miradas de su mujer

se detenían ahora con más pesada fijeza sobre aquella muda

tranquilidad.

--¡Y eres un hombre, tú!--murmuraba.

Kassim, sobre sus engarces, no cesaba de mover los dedos.

--No eres feliz conmigo, María--expresaba al rato.--¡Feliz! ¡Y tienes el valor de decirlo! ¿Quién puede ser feliz

contigo? ¡Ni la última de las mujeres!... ¡Pobre diablo!--concluía con

risa nerviosa, yéndose.

Kassim trabajaba esa noche hasta las tres de la mañana, y su mujer

tenía luego nuevas chispas que ella consideraba un instante con los

labios apretados.

--Sí... ¡no es una diadema sorprendente!... ¿cuando la hiciste?

--Desde el martes--mirábala él con descolorida ternura--dormías de

noche...

--¡Oh, podías haberte acostado!... ¡Inmensos, los brillantes!

Porque su pasión eran las voluminosas piedras que Kassim montaba.

Seguía el trabajo con loca hambre de que concluyera de una vez, y

apenas aderezada la alhaja, corría con ella al espejo. Luego, un

ataque de sollozos.

--¡Todos, cualquier marido, el último, haría un sacrificio para

halagar a su mujer! Y tú... y tú... ni un miserable vestido que

ponerme, tengo!

Cuando se franquea cierto límite de respeto al varón, la mujer puede

llegar a decir a su marido cosas increíbles.

La mujer de Kassim franqueó ese límite con una pasión igual por lo

menos a la que sentía por los brillantes. Una tarde, al guardar sus

joyas, Kassim notó la falta de un prendedor--cinco mil pesos en dos

solitarios.--Buscó en sus cajones de nuevo.

--¿No has visto el prendedor, María? Lo dejé aquí.

--Sí, lo he visto.

--¿Dónde está?--se volvió extrañado.

--¡Aquí!

Su mujer, los ojos encendidos y la boca burlona, se erguía con el

prendedor puesto.

--Te queda muy bien--dijo Kassim al rato.--Guardémoslo.

María se rió.

--Oh, no! es mío.

--Broma?...

--Sí, es broma! ¡es broma, sí! ¡Cómo te duele pensar que podría ser

mío... Mañana te lo doy. Hoy voy al teatro con él.

Kassim se demudó.

-Haces mal... podrían verte. Perderían toda confianza en mí.

  

--¡Oh!--cerró ella con rabioso fastidio, golpeando violentamente la

puerta.

Vuelta del teatro, colocó la joya sobre el velador. Kassim se levantó

y la guardó en su taller bajo llave. Al volver, su mujer estaba

sentada en la cama.

--¡Es decir, que temes que te la robe! ¡Qué soy una ladrona!

--No mires así... Has sido imprudente, nada más.

--¡Ah! ¡Y a ti te lo confían! ¡A ti, a ti! ¡Y cuando tu mujer te pide

un poco de halago, y quiere... me llamas ladrona a mí! ¡Infame!

Se durmió al fin. Pero Kassim no durmió.

Entregaron luego a Kassim para montar, un solitario, el brillante más

admirable que hubiera pasado por sus manos.

--Mira, María, qué piedra. No he visto otra igual.

Su mujer no dijo nada; pero Kassim la sintió respirar hondamente sobre

el solitario.

--Una agua admirable...--prosiguió él--costará nueve o diez mil pesos.

--Un anillo!--murmuró María al fin.

--No, es de hombre... Un alfiler.

A compás del montaje del solitario, Kassim recibió sobre su espalda

trabajadora cuanto ardía de rencor y cocotaje frustrado en su mujer.

Diez veces por día interrumpía a su marido para ir con el brillante

ante el espejo. Después se lo probaba con diferentes vestidos.

--Si quieres hacerlo después...--se atrevió Kassim.--Es un trabajo

urgente.

Esperó respuesta en vano; su mujer abría el balcón.

--María, te pueden ver!

--Toma! ¡ahí está tu piedra!

El solitario, violentamente arrancado, rodó por el piso.

Kassim, lívido, lo recogió examinándolo, y alzó luego desde el suelo

la mirada a su mujer.

--Y bueno, ¿por qué me miras así? ¿Se hizo algo tu piedra?

--No--repuso Kassim. Y reanudó en seguida su tarea, aunque las manos

le temblaban hasta dar lástima.

Pero tuvo que levantarse al fin a ver a su mujer en el dormitorio, en

plena crisis de nervios. El pelo se había soltado y los ojos le salían

de las órbitas.

--¡Dame el brillante!--clamó.--¡Dámelo! ¡Nos escaparemos! ¡Para mí!

¡Dámelo!

--María...--tartamudeó Kassim, tratando de desasirse.

--¡Ah!--rugió su mujer enloquecida.--¡Tú eres el ladrón, miserable!

¡Me has robado mi vida, ladrón, ladrón! Y creías que no me iba a

desquitar... cornudo! ¡Ajá! Mírame... no se te había ocurrido nunca,

¿eh? ¡Ah!--y se llevó las dos manos a la garganta ahogada. Pero cuando

Kassim se iba, saltó de la cama y cayó, alcanzando a cogerlo de

un botín.

--¡No importa! ¡El brillante, dámelo! ¡No quiero más que eso! ¡Es mío,

Kassim miserable!

Kassim la ayudó a levantarse, lívido.

--Estás enferma, María. Después hablaremos... acuéstate.

--¡Mi brillante!

--Bueno, veremos si es posible... acuéstate.

--Dámelo!

La bola montó de nuevo a la garganta.

Kassim volvió a trabajar en su solitario. Como sus manos tenían una

seguridad matemática, faltaban pocas horas ya.

María se levantó para comer, y Kassim tuvo la solicitud de siempre con

ella. Al final de la cena su mujer lo miró de frente.

--Es mentira, Kassim--le dijo.

--¡Oh!--repuso Kassim sonriendo--no es nada.

--¡Te juro que es mentira!--insistió ella.

Kassim sonrió de nuevo, tocándole con torpe cariño la mano.

--¡Loca! Te digo que no me acuerdo de nada.

Y se levantó a proseguir su tarea. Su mujer, con la cara entre las

manos, lo siguió con la vista.

--Y no me dice más que eso...--murmuró. Y con una honda náusea por

aquello pegajoso, fofo e inerte que era su marido, se fué a su cuarto.

No durmió bien. Despertó, tarde ya, y vió luz en el taller; su marido

continuaba trabajando. Una hora después, éste oyó un alarido.

--¡Dámelo!

--Sí, es para ti; falta poco, María--repuso presuroso, levantándose.

Pero su mujer, tras ese grito de pesadilla, dormía de nuevo. A las dos

de la mañana Kassim pudo dar por terminada su tarea; el brillante

resplandecía, firme y varonil en su engarce. Con paso silencioso fué

al dormitorio y encendió la veladora. María dormía de espaldas, en la

blancura helada de su camisón y de la sábana.

Fué al taller y volvió de nuevo. Contempló un rato el seno casi

descubierto, y con una descolorida sonrisa apartó un poco más el

camisón desprendido.

Su mujer no lo sintió.

No había mucha luz. El rostro de Kassim adquirió de pronto una dura

inmovilidad, y suspendiendo un instante la joya a flor del seno

desnudo, hundió, firme y perpendicular como un clavo, el alfiler

entero en el corazón de su mujer.

Hubo una brusca apertura de ojos, seguida de una lenta caída de

párpados. Los dedos se arqueron, y nada más.

La joya, sacudida por la convulsión del ganglio herido, tembló un

instante desequilibrada. Kassim esperó un momento; y cuando el

solitario quedó por fin perfectamente  inmóvil, pudo entonces

retirarse, cerrando tras de sí la puerta sin  hacer ruido.
                                                                                              HORACIO QUIROGA

  

  

 

La gallina degollada


La gallina degollada
[Cuento. Texto completo]
Horacio Quiroga
Todo el día, sentados en el patio, en un banco estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con la boca abierta.
El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.
Otra veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.
El mayor tenía doce años y el menor, ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.
Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho más vital: un hijo. ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?
Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creció bella y radiante, hasta que tuvo año y medio. Pero en el vigésimo mes sacudiéronlo una noche convulsiones terribles, y a la mañana siguiente no conocía más a sus padres. El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando las causas del mal en las enfermedades de los padres.
Después de algunos días los miembros paralizados recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aun el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre las rodillas de su madre.
—¡Hijo, mi hijo querido! —sollozaba ésta, sobre aquella espantosa ruina de su primogénito.
El padre, desolado, acompañó al médico afuera.
—A usted se le puede decir: creo que es un caso perdido. Podrá mejorar, educarse en todo lo que le permita su idiotismo, pero no más allá.
—¡Sí!... ¡Sí! —asentía Mazzini—. Pero dígame: ¿Usted cree que es herencia, que...?
—En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que creía cuando vi a su hijo. Respecto a la madre, hay allí un pulmón que no sopla bien. No veo nada más, pero hay un soplo un poco rudo. Hágala examinar detenidamente.
Con el alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobló el amor a su hijo, el pequeño idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener sin tregua a Berta, herida en lo más profundo por aquel fracaso de su joven maternidad.
Como es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo. Nació éste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los dieciocho meses las convulsiones del primogénito se repetían, y al día siguiente el segundo hijo amanecía idiota.
Esta vez los padres cayeron en honda desesperación. ¡Luego su sangre, su amor estaban malditos! ¡Su amor, sobre todo! Veintiocho años él, veintidós ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un átomo de vida normal. Ya no pedían más belleza e inteligencia como en el primogénito; ¡pero un hijo, un hijo como todos!
Del nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas del dolorido amor, un loco anhelo de redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron mellizos, y punto por punto repitióse el proceso de los dos mayores.
Mas por encima de su inmensa amargura quedaba a Mazzini y Berta gran compasión por sus cuatro hijos. Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo, abolido. No sabían deglutir, cambiar de sitio, ni aun sentarse. Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los obstáculos. Cuando los lavaban mugían hasta inyectarse de sangre el rostro. Animábanse sólo al comer, o cuando veían colores brillantes u oían truenos. Se reían entonces, echando afuera lengua y ríos de baba, radiantes de frenesí bestial. Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada más.
Con los mellizos pareció haber concluido la aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.
No satisfacían sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba en razón de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían nacido de ellos echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.
Iniciáronse con el cambio de pronombre: tus hijos. Y como a más del insulto había la insidia, la atmósfera se cargaba.
—Me parece —díjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las manos—que podrías tener más limpios a los muchachos.
Berta continuó leyendo como si no hubiera oído.
—Es la primera vez —repuso al rato— que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.
Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:
—De nuestros hijos, ¿me parece?
—Bueno, de nuestros hijos. ¿Te gusta así? —alzó ella los ojos.
Esta vez Mazzini se expresó claramente:
—¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?
—¡Ah, no! —se sonrió Berta, muy pálida— ¡pero yo tampoco, supongo!... ¡No faltaba más!... —murmuró.
—¿Qué no faltaba más?
—¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir.
Su marido la miró un momento, con brutal deseo de insultarla.
—¡Dejemos! —articuló, secándose por fin las manos.
—Como quieras; pero si quieres decir...
—¡Berta!
—¡Como quieras!
Éste fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables reconciliaciones, sus almas se unían con doble arrebato y locura por otro hijo.
Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complaciencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del mimo y la mala crianza.
Si aún en los últimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros. Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A Mazzini, bien que en menor grado, pasábale lo mismo. No por eso la paz había llegado a sus almas. La menor indisposición de su hija echaba ahora afuera, con el terror de perderla, los rencores de su descendencia podrida. Habían acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara distendido, y al menor contacto el veneno se vertía afuera. Desde el primer disgusto emponzoñado habíanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona. Antes se contenían por la mutua falta de éxito; ahora que éste había llegado, cada cual, atribuyéndolo a sí mismo, sentía mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro habíale forzado a crear.
Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La sirvienta los vestía, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad. No los lavaban casi nunca. Pasaban todo el día sentados frente al cerco, abandonados de toda remota caricia. De este modo Bertita cumplió cuatro años, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo algún escalofrío y fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, tornó a reabrir la eterna llaga.
Hacía tres horas que no hablaban, y el motivo fue, como casi siempre, los fuertes pasos de Mazzini.
—¡Mi Dios! ¿No puedes caminar más despacio? ¿Cuántas veces...?
—Bueno, es que me olvido; ¡se acabó! No lo hago a propósito.
Ella se sonrió, desdeñosa: —¡No, no te creo tanto!
—Ni yo jamás te hubiera creído tanto a ti... ¡tisiquilla!
—¡Qué! ¿Qué dijiste?...
—¡Nada!
—¡Sí, te oí algo! Mira: ¡no sé lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre como el que has tenido tú!
Mazzini se puso pálido.
—¡Al fin! —murmuró con los dientes apretados—. ¡Al fin, víbora, has dicho lo que querías!
—¡Sí, víbora, sí! Pero yo he tenido padres sanos, ¿oyes?, ¡sanos! ¡Mi padre no ha muerto de delirio! ¡Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! ¡Esos son hijos tuyos, los cuatro tuyos!
Mazzini explotó a su vez.
—¡Víbora tísica! ¡eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! ¡Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, víbora!
Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita selló instantáneamente sus bocas. A la una de la mañana la ligera indigestión había desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios jóvenes que se han amado intensamente una vez siquiera, la reconciliación llegó, tanto más efusiva cuanto infames fueran los agravios.
Amaneció un espléndido día, y mientras Berta se levantaba escupió sangre. Las emociones y mala noche pasada tenían, sin duda, gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada largo rato, y ella lloró desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una palabra.
A las diez decidieron salir, después de almorzar. Como apenas tenían tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.
El día radiante había arrancado a los idiotas de su banco. De modo que mientras la sirvienta degollaba en la cocina al animal, desangrándolo con parsimonia (Berta había aprendido de su madre este buen modo de conservar la frescura de la carne), creyó sentir algo como respiración tras ella. Volvióse, y vio a los cuatro idiotas, con los hombros pegados uno a otro, mirando estupefactos la operación... Rojo... rojo...
—¡Señora! Los niños están aquí, en la cocina.
Berta llegó; no quería que jamás pisaran allí. ¡Y ni aun en esas horas de pleno perdón, olvido y felicidad reconquistada, podía evitarse esa horrible visión! Porque, naturalmente, cuando más intensos eran los raptos de amor a su marido e hija, más irritado era su humor con los monstruos.
—¡Que salgan, María! ¡Échelos! ¡Échelos, le digo!
Las cuatro pobres bestias, sacudidas, brutalmente empujadas, fueron a dar a su banco.
Después de almorzar salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires y el matrimonio a pasear por las quintas. Al bajar el sol volvieron; pero Berta quiso saludar un momento a sus vecinas de enfrente. Su hija escapóse enseguida a casa.
Entretanto los idiotas no se habían movido en todo el día de su banco. El sol había traspuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse, y ellos continuaban mirando los ladrillos, más inertes que nunca.
De pronto algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, quería observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Quería trepar, eso no ofrecía duda. Al fin decidióse por una silla desfondada, pero aun no alcanzaba. Recurrió entonces a un cajón de kerosene, y su instinto topográfico hízole colocar vertical el mueble, con lo cual triunfó.
Los cuatro idiotas, la mirada indiferente, vieron cómo su hermana lograba pacientemente dominar el equilibrio, y cómo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco, entre sus manos tirantes. Viéronla mirar a todos lados, y buscar apoyo con el pie para alzarse más.
Pero la mirada de los idiotas se había animado; una misma luz insistente estaba fija en sus pupilas. No apartaban los ojos de su hermana mientras creciente sensación de gula bestial iba cambiando cada línea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La pequeña, que habiendo logrado calzar el pie iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente sintióse cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.
—¡Soltáme! ¡Déjame! —gritó sacudiendo la pierna. Pero fue atraída.
—¡Mamá! ¡Ay, mamá! ¡Mamá, papá! —lloró imperiosamente. Trató aún de sujetarse del borde, pero sintióse arrancada y cayó.
—Mamá, ¡ay! Ma. . . —No pudo gritar más. Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana se había desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancándole la vida segundo por segundo.
Mazzini, en la casa de enfrente, creyó oír la voz de su hija.
—Me parece que te llama—le dijo a Berta.
Prestaron oído, inquietos, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Berta iba dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio.
—¡Bertita!
Nadie respondió.
—¡Bertita! —alzó más la voz, ya alterada.
Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.
—¡Mi hija, mi hija! —corrió ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vio en el piso un mar de sangre. Empujó violentamente la puerta entornada, y lanzó un grito de horror.
Berta, que ya se había lanzado corriendo a su vez al oír el angustioso llamado del padre, oyó el grito y respondió con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, lívido como la muerte, se interpuso, conteniéndola:
—¡No entres! ¡No entres!
Berta alcanzó a ver el piso inundado de sangre. Sólo pudo echar sus brazos sobre la cabeza y hundirse a lo largo de él con un ronco suspiro.

31 de agosto de 2012

1º B leyó La mejor Luna de Liliana Bodoc

Los alumnos de 1º B leyeron fragmentos de La mejor Luna de Liliana Bodoc, ayudados por la Seño Barbara y la Seño Rosa. Nos muestran con sus dibujos que parte del cuento les gustó más.
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23 de agosto de 2012

Un mes después y otros cuentos aterradores

Los alumnos de 4º B adaptaron a historieta un cuento del libro Un mes despues y otros cuentos aterradores. . 



 Luego de leer el cuento, los chicos trabajaron en grupo y realizaron algunas versiones en historieta del cuento Viernes a la noche de Carla Dulfano. Aqui les mostramos una de ellas.


 

Agregamos más historietas que realizaron los alumnos.

17 de agosto de 2012

Màs proyectos de biblioteca

"Cuentos de terror" es el nombre del proyecto de 4º A. Los chicos trabajan en biblioteca con " La mujer vampiro" de Marìa Teresa Andruetto.
Este proyecto se integra con el àrea de Tecnologìa y Pràcticas del Lenguaje.

14 de agosto de 2012

Hansel y Gretel

Los chicos de 3ºA trabajaron en biblioteca con las netbooks. Miraron el video del cuento " Hansel y Gretel". Investigaron sobre el autor y reflexionaron sobre la enseñanza que nos deja este cuento clásico.

9 de agosto de 2012

LOS ENIGMAS DEL INSPECTOR RAMIREZ

Los alumnos de 3º B, leyeron en Biblioteca el primer caso del inspector Ramírez: El inspector Ramírez y un enigma imposible.
Hicieron lectura oral del texto y luego dieron una devolución sobre lo que leyeron. Decubrieron que las ilustraciones los pueden ayudar a resolver el enigma. 
En lecturas posteriores irán conociendo nuevos enigmas.
Los chicos siguen leyendo casos del Inspector Ramirez y nos ilustran dos de los cuentos leídos hasta ahora.
El Inspector Ramírez y un enigma imposible: 

El Inspector Ramírez y el enigma del Rosedal

7 de agosto de 2012

La Asombrosa Excursión de Zamba en Yapeyú

Zamba va de excursión a la Casa Natal de San Martín y viaja al pasado. Allí acompaña a San Martín en su regreso de Europa, conocen a Remedios de Escalada, lo ayuda a formar el ejército de Granaderos a caballo y pelean con los Realistas en la Batalla de San Lorenzo. Aventuras, acción y explosiones! 2ºA trabajó con este video en biblioteca.

Cuentos de la selva

Los chicos de 5ºA trabajaron en biblioteca con " Cuentos de la selva" de Horacio Quiroga.
Leyeron y analizaron "La tortuga gigante" e investigaron la biografía del autor. En el aula la docente continuó trabajando con actividades de creación literaria.


1 de agosto de 2012

El gato con botas

Primer ciclo turno mañana continùa trabajando con el Proyecto de Biblioteca " Cuentos clàsicos".
Esta semana los chicos trabajaron " El gato con botas". Comentaron y reflexionaron sobre los valores que observaron en este clàsico de Charles Perrault.
A continuaciòn, una poesìa de Carmen. M. Anguita

Poema del gato con botas

«Si tú sigues mis consejos
y atiendes mis peticiones,
tu vida al fin cambiará
y dejarás de ser pobre.


El gato, que era muy listo,
le pidió a su señor
un saco y unas botas
y sonriendo añadió:


-Mis patas son delicadas
para andar por los zarzales,
y no deseo pincharme
con cardos ni matorrales.»

31 de julio de 2012

Voces de la Biblioteca

Los chicos de 3º, 5º y 7º grado de Turno Mañana trabajaron con el Proyecto Voces de la Biblioteca.


Para disfrutar de un cuento clásico...

12 de julio de 2012

4º B y las fábulas de Esopo

Lo alumnos de 4º B participaron de un proyecto de lectura y producción de textos literarios con áreas integradas. Maestra de Inglés: Ordenaron y leyeron la fábula "The ant and the jove fable". Maestra de Grado: Produjeron fábulas a partir de algunas moralejas. Biblioteca: Divididos en 5 grupos ordenaron y leyeron las partes de las fábulas: "La mosca y la mula","La liebre y la tortuga", "El león, la vaca, la cabra y la oveja", "El lobo y los pastores", "La raposa y el gato" para finalmente crear la moraleja de cada una. Produjeron fábulas

"> Crearon moralejas

"> Se divirtieron trabajando...

">

13 de junio de 2012

Cuentopos del Gulubú de Maria Elena Walsh

1ºB se divierte conociendo los cuentos de María Elena Walsh. Esta semana escucharon Paplina, la tortuga con verruga del libro Cuentopos del Gulubú. Así ven los alumnos a los personajes del cuento:

8 de junio de 2012

El Negro de Paris

Los alumnos de 4º B, leyeron El Negro de Paris de Osvaldo Soriano. Disfrutaron de la historia y de las ilustraciones, vivenciando cada aventura de los protagonistas. Se sintieron identificados con el personaje del nene que en definitiva no era otro que el mismo Soriano. Como propuesta de la docente y de la bibliotecaria los alumnos escribieron cartas al autor

7 de junio de 2012

Proyecto de áreas integradas

Los cuentos clásicos, los que nos contaron en nuestra niñez, los que leímos cuando empezamos a deletrear las primeras palabras, siguen perdurando a través del tiempo.
Y siguen siendo el entretenimiento de los más pequeños cuando piden a padres o abuelos, que les cuenten una historia de esas que todos guardan entre sus recuerdos de la infancia.
"Cuentos clásicos" es el proyecto de áreas integradas (biblioteca-prácticas del lenguaje-tecnología) que está trabajando primer ciclo turno mañana.
Comenzamos a leer "El flautista de Hamelin".




4 de junio de 2012

Palais de Glace


Desde la biblioteca se organizó una visita guiada al Palais de Glace (Palacio Nacional de las Artes), destinada a los alumnos de 1º A y 2º A. Durante el recorrido, dirigido por una guía especializada, los niños observaron esculturas y diversos estilos de pintura. Como actividad final realizaron una actividad plástica y se llevaron de regalo un juego e información para seguir aprendiendo y reflexionando sobre las obras

21 de mayo de 2012

Visitando el País de los Cuentos

El martes 15 de mayo participamos de una Mesa de Libros con los chicos de 1º B, 2ºB, 3ºB, juntos con las maestras de inglés, de plástica, la facilitadora de informática y la maestra bibliotecaria del turno tarde. 

Pudieron realizar diferentes actividades: 

Ver una historia en video

 

  •  

    Escuchar y trabajar un cuento en inglés...   

     

     

     

       Visitar el País de lo Maravilloso,  País de los Animales,  País de la Imagen y País Inglés.

     

    •  

       



    Finalmente realizaron dibujos relacionados con las actividades que tuvieron. 

     

 

 

 

 

 

 












































 


17 de mayo de 2012

Una frase


La Revolución de Mayo

En la biblioteca se proyectó una serie animada en donde los chicos de 1º A pudieron ver como se produjo la Revolución de Mayo a través de la mirada de un niño que viaja del futuro, acompañado por una niña que vive en el pasado. Juntos atraviesan escenarios y acontecimientos de la historia argentina en un marco de aventura y humor.

7 de mayo de 2012

Salud e higiene


Los chicos de 1ºA y 2ºA trabajaron en biblioteca con un video sobre salud e higiene.
Este material tiene como objetivo transmitir mensajes que promuevan la incorporación de estos hábitos en la vida cotidiana de los niños. Las docentes ampliarán el tema en el aula.

4 de mayo de 2012

Cuatro cuentos cándidos

Cuatro cuentos cándidos nos invitan a visitar un bosque donde los troncos de los árboles tienen puertas y ventanas, y la hojarasca del suelo oculta pequeños mundos misteriosos. La ardilla Cándida será la guía que acompañará al lector en cada uno de estos cuentos de Beatriz Ferro.
Los chicos de 4ºA están trabajando con este libro en biblioteca.